Musofábulas de un amante amateur


El mundo se divide en dos: los que aman y los que no son amados. Bajo esta premisa se puede plantear una subclasificación infinita de las situaciones humanas.
Quien ama es inmune a las crisis sociales, económicas y morales. Nada ni nadie puede quebrar su alegría. Mejorará su desempeño laboral como nunca. Motivará su imaginación y por ende, se enamorará de muchas cosas: del amanecer, de una canción, de una calle, de su trabajo, de un libro, de un aroma, de un punto geográfico.
El que ama es invulnerable, como si de la noche a la mañana fuese sumergido en el río Estigia. Pero tendrá un punto débil, su talón de Aquiles, que es nada más y nada menos que el receptario de todo su amor.
Sin embargo, cuando el enamorado pasa a engrosar las filas de enfrente, o sea, las del desamor, sufre una extraña transformación: la invulnerabilidad desaparecerá del cuerpo para concentrarse sólo en el talón. La humanidad del otrora enamorado, quedará a merced del amanecer, de una canción, de una calle, de su trabajo, de un libro, de un aroma de un punto geográfico. Todo lo dañará. Todo lo hará llorar. Su punto fuerte, ahora circunscrito en una pequeña zona del talón, esperará inútilmente el regreso del receptario de todo su amor.
Olvida que el amor no es un perro fiel que responde a un llamado. El amor es un autobús cuya máquina no tiene reversa. Si te bajas de él, nunca podrás alcanzarlo. No importa que sólo hayas descendido a orinar, a besar otra mujer o únicamente a estirar las piernas.
En el intercambio de libros que hacía cada semana con mis amigos, Ulber me presta uno que llama mi atención: Nuevas voces de la narrativa mexicana. Es una compilación de relatos de hasta cierto punto nuevos narradores.
Algunas historias son exquisitamente olvidables. Otras confirman mi gusto por la obra de Bernardo Fernández, Pepe Rojo, Julián Herbert o Fabrizio Mejía Madrid. Otra más me incita a buscar el correo electrónico del autor para saber qué hace, qué lee, qué piensa y qué vive. El relato en cuestión se llama Noche Amaranta, escrito por Jorge Harmodio Juárez.
Francamente yo dudaba mucho que Harmodio contestara. Uno porque los escritores son seres mamones, ególatras y sumamente presumidos. Y dos, porque al parecer, están acostumbrados a que debes escribirles cuando menos unos 10 correos electrónicos para que tengan la educación de contestar media decena de palabras.
Pero no ocurrió así, Harmodio contestó. Y no sólo eso, sino que comenzamos a hacerlo de forma esporádica. Me contó de su vínculo con el estado de Guerrero, de su estancia en París y de sus antojos de pozole. Además, fui leyendo su bitácora personal, donde tiene colgadas varias de sus obras. Por esa época abrí la mía, donde inmediatamente puse una liga hacia su blog.
Parafraseando el comienzo de Cagliostro, de Vicente Huidobro, acerca de Musofobia puedo decir:
Suponga el lector que no ha comprado este libro en una librería, sino que ha pagado unas 20 horas para navegar en Internet, en el cibercafé de su agrado.
Musofobia es un viaje hacia al reactor de emociones que regulan la vida de Jorge, exhiliado en París, mexicano, con una rara fobia hacia los ratones, jinete de Valkiria –su bicla–, reparador de compus y escritor en ciernes.
Él pertenece al bando de los enamorados. Jorge adora a Nadia. La niña de sus ojos. La dueña de sus quincenas. Su medio limón. La luz de sus tinieblas. Su medallita y escapulario. Su resta, suma y multiplicación. Su coamante.
El amor es una gota de agua en un cristal, según José Luis Perales, mientras que Efraín Huerta lo concibe como:
Una luna parda, larga noche sin crímenes,
Río de suicidas fríos y pensativos,
Fea y perfecta maldad hija de una poesía
Que todavía rezuma lágrimas y bostezos
Oraciones y agua, bendiciones y pena.
El dramaturgo francés Enzo Cormann, en su obra Sade, concierto de infiernos, asegura: “La palabra amor sólo sirve para provocarnos la nostalgia de una gracias que nunca nos fue dada”.
Jorge materializa su amor en un costal de arroz basmati, el cual cocina con las más fuertes ansias de complacer a Nadia. Lázaro Covadlo sentencia que el ser humano es fundamentalmente un aparato digestivo envuelto en un tronco del que sobresalen miembros y cabeza; una máquina de comer y descomer. De ahí que las emociones propias del amor o desamor las sintamos, antes que en cualquier otra parte, en la barriga.
Pero como los jaguares no se cazan con manzanas, un día Nadia, coamante, la niña de sus ojos, la luz de sus tinieblas decide que ha llegado el momento de que Jorge se baje del autobús y pase a engrosar las filas de los dolientes amorosos.
Aquí empieza el derrumbe del mundo que Jorge había construido para Nadia. Mas con pena amorosa a cuestas, debe trabajar, conseguir nuevo departamento ante su inminente deportación de ex.nidito.de.amor, es sometido a una operación del tabique nasal y busca en otros labios el sabor de esa mujer que lo trae volando bajo.
En El joven aquel, Ricardo Garibay menciona: “Verla era vivir. No verla era vivir dormido o aletargado, era vivir como a distancia de todo, sin cabal cuenta de lo que se estaba viviendo, hipnotizado por algo más allá de lo que se veía y se tentaba, como quien vive provisionalmente chapoteando en la pesadilla o en el lodazal”.
Ángel Carlos, en cambio, en su poemario Muriendo de amor por esa perra, recuerda:
Amarla era saltar desde una a otra caída
Era cantar con los labios destrozados
Serle fiel al dolor, dejar sangre en cada beso
Era dar sed al hambre, interceptar una bala
Según Juvenal Acosta, no existe el momento perfecto para terminar una relación, mientras que Gabriela Conde, en su ensayo De lo inútil de las despedidas sentencia: “No existe fórmula idónea para decir adiós. (...) Querríamos no irnos, no tener que dejar de estar en esa otra persona que nos define, nos testifica, nos presencia. Y con ese afán alargamos los rituales despidatorios. Cuando se tiene conciencia de que se está acabando, de que alguno se va, comenzamos con la paranoia de los métodos, de los inventarios, de los recuentos de sombras. Intentamos eternizarnos en la memoria del otro, quedarnos; pero nunca se puede lograr la perpetua estadía. Esa testificación sin el referente físico, tangible, obedecerá a un sinfín de estímulos muy lejanos; se sabe de lo caprichoso de la memoria, de lo inexacto, de lo arbitrario: ya no soy yo ese que tú recuerdas”.
Con una estructura narrativa similar a la de un blog –sí, sí, con fecha, ligas, comentarios e incluso espam–, Harmodio construye esta novela que por sí sola, brilla por la fugacidad con que se lee, por su atinado humor negro (que arrancarán más de una docena de carcajadas), por su eficacia con el manejo de la palabra escrita, por las evocaciones desamoratorias a las que nos remite y por la mezcla interminable de herramientas narrativas para construir Musofobia.
Lo de hacerlo como un blog, posiblemente se deba a que Harmodio, como buen bloguero, sabe que el alma es una bitácora que se pudre entre mierda y amor –como dice Jeremías Marquines en Las formas de ser gris adentro. Sin embargo, también puede atribuirse a esa vieja enseñanza que desde Shakespeare, nos recuerda que para hace resaltar mejor una palabra, no hay nada mejor que una mancha de sangre.
No obstante, Harmodio no sólo va dejando rastros de hemoglobina en cada página, sino que también nos embarra su desamor, de lágrimas, mocos, pelos de gato y hasta la mierda de la vecina tocadiscos.
Lo justo –menciona Efraím Medina Reyes en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin– es que todos los hombres tuviéramos la apariencia física de un actor de televisión, la inteligencia de un zorro viejo y la agresividad de un guerrero Celta, pero como ya sabemos en carne propia que este mundo no es justo, que la mayoría tenemos la apariencia de un zorro viejo, la inteligencia de un galán de televisión y la agresividad de un pastel de cumpleaños.
Jorge nunca sabrá en realidad porqué lo abandonó Nadia. Nosotros tampoco, puesto que Musofobia no es un manual de seducción, ni un tratado sobre el amor. Es la bitácora de emociones de un tipo que hoy, mañana o pasado, bien puede ser Jorge, yo o usted, querido lector.
Texto leído en la presentación de Musofobia, en Acapulco
Sábado 3 de mayo de 2008
De izquierda a derecha: Jeremías Marquines, Jorge Harmodio, Carlos F. Ortiz y este patanzuelo

9 Ya saltaron:

8:35 AM Anónimo dijo...

Que ondas Paul, oye el Jeremias se parece con Joan Sebastian, jajajaja saludos

3:51 PM Anónimo dijo...

Que ondón mi buen Paul

Acabo de leer tu texto, el cual me gustó mucho, pero me surgieron varias preguntas, espero me las respondas.

¿Tu de qué lado estás, de los que aman o de los que no son amados?

¿Cuál es tu Talón de Aquiles en el amor?

¿De que canción, libro y punto geográfico te has enamorado?

Mencionas varias definiciones de amor de algunos autores, pero tú Cómo defines al amor

¿Estás enamorado en este momento?


saludos

12:09 PM AZTLAN dijo...

Salud saludos mi estimado Paul y bueno que chido que usted no sea de esos escritores mamones y ya ves que se da en donde quiera y los fotografos no son la escepcion.
Reciba un abrazote de un pasajero de ese tipo de transportes y que a veces he tenido que hacer escalas.

2:43 PM JORGE SOLANA AGUIRRE dijo...

Saludo! es interesante tu espacio

El amor es un flujo infeccioso de la imaginacion.

www.jorgesolana.blogspot.com

4:28 PM Anónimo dijo...

Bonito texto sobre un sentimiento tan hermoso (el Amor). Es fácil sentirlo…un poco menos fácil vivirlo…pero mas difícil mantenerlo…(a travez de los años). Una lucha constante….por, cuidarlo, alimentarlo, fortalecerlo y hacerlo crecer. Pero esa disposición es de 2.

Cambiando de tema, como que la de arriba te esta tirando la onda jajaja…no te dejes jiji
Saludos, espero que te haya ido muy bien ese sábado 3.
DGN

9:08 PM sus(ana) dijo...

recomendable texto para recomendable novela (que chafa mi comentario).
...por cierto, leí un fragmento del texto de Harmodio en el número 147 de la revista Punto de partida. Luego, un fragmento más amplio en la página que el mismo autor administra...
Y por razones que una-nunca-sabe, no me enteré de la presentación de dicho libro aquí en el DF, hasta esta noche, algo tarde.
En fin.

4:07 PM Paul Medrano dijo...

Anónimo: jajajaja, a mí siempre me ha parecido que es muy similar al diablito de la lotería

Anónimo 2: muchas preguntas para tan poco espacio. Prometo responder en breve con amplitud. Abrazo

Gonz: triple abrazo para usted y otro bonche igual para mi queridísima Sol

Jorge: hombre!!! qué se toma. Grazie, tambor su blog es sumamente interesante, neta.

Denia: mil grazie por los buenos deseos, aquí andamos

Mis(ana): lástima que no haya ido, se perdió de la oportunidad de conocer a una gran persona como Harmodio, que curiosamente también es un gran escritor

11:03 AM efren leyva dijo...

la tendencia de escribir solo cosas personales o temporales no te hacer ser un escritor carismaticatico por desgraciadamente a muchas personas poco les importa nuestra vida personal sin enbargo es bueno para los amigos por que desgastadamente conocemos nosestras personalidades aunque si quieres escalar debes comentar de algo mas universal como por ejemplo las costumbres de los amigos en general(englobando a todos los amigos o grupos de amigos en el mundo dependiendo de cada paíz y cultura

11:56 PM Paul Medrano dijo...

Güero (porque supongo que eres el Güero): la materia del que escribe, es primero que todo, su vida; lo que piensa, siente, ve, huele, saborea y toca. Lo personal. Podríamos escribir muy poco (si no es que nada) que no esté basado, inspirado o emule una situación personal. Primero, porque somos seres humanos, y segundo, porque habrá muy pocos a quienes les interese la vida de las rocas. ¿Escribir de amigos? ¿acaso la amistad no es un tipo de amor? ¿acaso no me excedo en escribir sobre amigos? ¿acaso no es eso, curiosamente, de lo más personal del mundo?