
Empecé esta bitácora como un diario. Luego como una manera de contarle mis cosas a la gente que de alguna forma quería saber de mí. Finalmente terminó siendo algo distinto: un espacio donde registro párrafos, imágenes o discos que me gustan; escaparate de mis egolatrías; baúl de mis chascarrillos predilectos y una especie de mapa lo que acontece en mi vida. Ahora llega a los 300 post, algunos menos peores que la mayoría, pero todos escritos a conciencia.
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A Juan José Rodríguez lo conocí primero por sus libros. Luego, mantuvimos una amistad vía correo electrónico y por teléfono. Hace como dos años perdí mi agenda y con ella, su número. Pero nos escribíamos de vez en vez.
A mí me impactó su novela El gran invento del siglo XX, la cual leí primero que Asesinato en la lavandería china. Ahora, ambas están por llevarse a la pantalla grande. Luego leí Mi nombre es Casablanca y cuando la terminé, decidí que yo también haría una novela, la cual acabé en diciembre pasado, o al menos eso creo. Enseguida vino La casa de las lobas y hace unos días lo conocí en persona.
Hay escritores que se rodean de un halo de genialidad, lo cual ocasiona que la gente piense que nacieron siendo escritores y lo que es peor, que reflejan un aura de intocables. De ellos solemos pensar que fueron genios desde niños y que no podremos sostener una conversación con ellos, sin que bostecen y se vayan. Con Juanjo conviví dos días y pareció que me reencontraba con un viejo amigo, o incluso, con un pariente a quien no veía hace años. Un tipo sencillo, gran conversador, de una memoria sorprendente (su pregunta imposible: ¿en qué película salen juntos Pedro Infante y Ramón Valdez, alias Don Ramón?) y con un imparable sentido del humor.
Con el libro más reciente, De pronto el amanecer, se revela una niñez intrépida, sin embargo, una niñez como la de todo mundo. Sin maquillaje o datos falsos. Se percibe la innata pasión a su familia y se constata su feroz apetito de lecturas, de viajes y de conocer gente. Con ese libro se constata la sencillez de un hombre de que decidió dedicarse a escribir, contra todas las expectativas regionales, familiares y económicas. Se quita el aura de genialidad, se pone el sombrero y sale a la calle a convivir con la gente.
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En el encuentro de Escritores del Pacífico, conocí a gente más que interesante y volví a ver a personas que estimo muchísimo. Espacio me faltaría para nombrar a todos. Se discutía la utilidad de esta actividad. Más allá de grillas cultureras, para mí resultó fabuloso que gente de mucha talla en cuestiones literarias, haya leído y compartido su opinión frente a jóvenes de preparatoria o universidad. Finalmente, lo acepten o no, la cultura y el arte son las únicas armas efectivas para combatir al narco. En Colombia lo hacen, pero aquí no se ve para cuando lo apliquen.
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llego a los 300 post con noticias buenas y aún mejores planes. Por ahora sólo puedo compartirles la inclusión de uno de mis cuentos en A Quemarropa, órgano de difusión de la Semana Negra de Gijón. Una crónica sobre Acapulco en el nuevo número de Tierra Adentro y un artículo en el suplemento Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes. A quienes me siguen por este medio, mil gracias.
*En la foto, con Luis Tovar y Ernesto Lumbreras en la mesa 100 mezcales para Mr. Lowry.



300 número importante para usted en este momento, pues representa una de sus películas favoritas y las veces que ha compartido con nosotros cosas interesantes de su pensar, de su actuar, de su sentir, de su disfrute, de su vida.
Muchas felicidades Licenciado y no me queda mas que decirle que a través de estas 300 publicaciones he descubierto que usted si es de esos que tiene un halo de genialidad.
Vamos por más!!!!!!!!!!!!
felicidades y un abrazo por esos 300
Marian: híjoles, en verdad no creo que tenga nada de genio. Ni a lámpara llego. Saludos y gracias por seguir la bit
Mis(ana): 300 gracias