Breves son estos versos que te escribo y caducos también.
Nunca podré escribir un poema tan largo y tan eterno
como tu cuerpo sobre el mío.
Despierto a medianoche
y hay una tenue claridad sobre tu cuerpo.
Desnuda duermes como una barca sobre un mar tranquilo
y yo desde mi acantilado te contemplo
absorto en la promesa de una feliz navegación.
¿Hacia qué nuevas islas conducirás mi sueño?
Despierta ya, hincha de luz tus velas,
naveguemos,
y que tus brazos y tus muslos se abran
como breves paréntesis de luz
en el largo discurso
de la noche.
***
Antes de que estuvieras junto a mí.
Antes de que tu barca encallara en mi costado
y fueras noche a noche la promesa de islas,
los límites del mar los fijaban mis brazos.
Ahora los fija el sueño.
Y yo que siempre había dormido en tierra firme,
que he sido en todo serio, metódico, sensato,
ahora subo a tu barca
sin que nada me importe naufragar.
La barca, Baudelio Camarillo


