El carro

Postiado por Paul Medrano

Es mal augurio que una piedra enmudezca. Mas el presagio es peor cuando grita. Por eso siempre debe desconfiarse del bullicio, pues venga de donde provenga, es preámbulo de desgracias. Lo paradójico es que al ruido generalmente se le asocia con la alegría.
Aquella noche el viento del norte arañaba el bosque como tigre enfurecido. Miles de hojas volaban para no volver, junto con polvo e insectos que jamás verían la siguiente alba. Las aves se acurrucaban en sus nidos que, a merced del vendaval, se movían al son de una música huracanada. Hasta el alarido del río era una ternura, comparado con el rugido del viento.
El cielo nebuloso se sentía muy cerca de la superficie, como si la bola de nubes fuera a volcarse sobre el valle. Una luna menguante era el único haz de luz que, de a ratos, alcanzaba a traspasar la maraña de nubarrones.
Con la época de secas llegará el aire y no cesará hasta amarillar casi toda la vida vegetal. Enredaderas morirán de resequedad, sobre las superficies por las que trepan. Arbustos y maleza apurarán a madurar sus semillas para que el viento, una vez que seque a su planta-madre, se lleve la simiente hacia un buen lugar donde esperar las primeras lluvias para reanudar el interminable ciclo de la vida. Los pastos se convertirán en afiladas espadas de ahuate cuyo fin será la panza de algún rumiante o las fauces del fuego. La muerte reclamará, sin mucho éxito, todas las vidas del valle. (Leer más)
Publicado en Guardagujas, de La Jornada Aguascalientes.

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