
La estética de la violencia no puede prescindir del espacio. Tampoco de la fricción entre una realidad vertiginosa y cotidiana y una prosa parsimoniosa por su naturaleza poética. En Dos caminos, la novela de Paul Medrano publicada por Ediciones de punto de partida de la UNAM, en 2009, se cumple esta premisa con precisión. Ocurre en el México contemporáneo y está teñida de rojo.
Desde el principio el autor indica que será una novela dual. Desde el título, que entre otras cosas, es el nombre de un pueblo de 500 casas a 40 minutos de Acapulco, y una visión de que demasiadas cosas en la vida resultan de una doble opción. Igualmente, desarrolla un universo ficcional donde dos bandas de narcos casi desarticulan un país muy parecido al nuestro: una donde sobresale La muñeca, un asesino despiadado, otra, donde Miranda, igualmente cruel, es el principal operador. Tras ellos, hay jefes poderosos y alrededor numerosos elementos desempeñando trabajos normales como comandantes, meseros o presidentes.
Con capítulos cortos, Paul Medrano, nacido en ciudad Victoria, Tamaulipas en 1977 y avecindado en Zihuatanejo, crea un discurso lleno de símbolos provocadores donde la comparación con la vida diaria es inevitable: “No hay peor afrenta para un hombre que un balazo en la cara”, “Tenían al país entero de espectador y su poder era el único real en estas tierras”. “Financiamos las campañas de 135 diputados federales”. Esta simbología proyecta un país que es imposible ocultar, que oscila entre la ficción y la realidad peligrosamente, aunque los que pudieran implementar correcciones no lo vean. “Nunca se sabrá ninguna verdad respecto a hechos delictivos que tengan que ver, así sea mínimamente, con la gestión del poder”, advierte Leonardo Sciascia en una entrevista con Marcelle Padovani , aunque en cuanto puede nos consuela con aquello de que: “Escribir es creer un poco”, manifiesta el maestro siciliano, uno de los autores que mejor han tratado el tema de la violencia como símbolo identitario de una región, una actividad y una época. (Leer más)
*Reseña de Dos caminos, escrita por Élmer Mendoza



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