Ai nos topamos

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XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Tacuba 5 (Plaza Manuel Tolsá, Centro Histórico
Ciudad de México


Presentación de la novela Dos caminos
Fecha: 28 de febrero de 2010
Hora: 7 de la noche
Sede: Galería de Rectores
Comentan: Yuri Herrera y Rodolfo JM

Los del Fidaca

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Como ya lo saben quienes me conocen, soy un constante buscador de buenos tacos. Aunque Acapulco parece una ciudad escasa en ese ámbito, con los años he conocido varios y deliciosos expendios de este fast food mexicano. Hoy en particular pasé a degustar los legendarios tacos que están a un costado del Fideicomiso para el Desarrollo Económico y Social de Acapulco (Fidaca), o atrás de Sears.
El lugar se llama tacos El Milagro, aunque todo mundo los conoce como los del Fidaca. Un rótulo indica que ese carrito forma parte de la Federación Mexicana del Taco.
Aquí se comen tacos de guisado que posiblemente se encuentren en casi todas las taquerías que venden este estilo. Sin embargo, el sabor de los del Fidaca es grato, muy casero y sabroso. Esto permite que hasta los de requesón (que no es santo de mi devoción) sepan a gloria.
La orden es de cinco tacos. Tortilla mediana, pero bien servidos. Si van, cáiganle a los de chicharrón, salpicón costeño (mis favoritos), moronga, arroz con huevo y mole, requesón, frijoles con chorizo. Además, dependiendo el día de la semana, también encontrarán de picadillo, barbacoa de res, carne de cerdo o carne deshebrada. Como complemento está su salsa verde y cebolla morada, así como su refrescante agua de limón.
Hace un rato para por ahí y me deleité con ocho tacos de salpicón costeño, me acordé que, antes de irse a París, mi carnalito el Gonz me pidió que cuando fuera a esa taquería me echara unos de chicharrón a su salud. Y así fue, completé mis dos órdenes para beneplácito de mi barriga y en memoria de mi amigo.

De lo rural

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La culpa fue del 68, porque despreció la cultura de solidaridad rural de los padres y abuelos e impuso un individualismo feroz. Han desaparecido las diferencias. Fue una revolución ciudadana, muy burguesa. Y España e Italia eran países muy rurales. Por fuerza algo se perdió en el camino. Pasaron las ideologías, siguen los problemas. Aquí todo el mundo piensa en su propio beneficio y no tenemos sentido de Estado, sentimiento colectivo... Vivimos atados al concepto del usar y tirar. (...) No es culpa de nadie, es sólo una lógica más grande que nosotros de la cual somos esclavos. Se llama consumismo. Antes una chaqueta te duraba toda la vida, ahora pasamos la vida en las tiendas de ropa.
Paolo Conte
*El video, imágenes del río del Capulín

Capital del mundo y sucursal del cielo

Los que ya saltaron