Sobre Dos caminos*

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1. Hace unos meses estaba sentado en la FIL en la presentación de Señales que precederán al fin del mundo de Yuri Herrera. La sala de la presentación estaba muy lejos de la entrada, así que pensé que estaría vacía, pero me encontré con un salón atiborrado. Al final de la presentación, Yuri aprovechó para leer un fragmento. "Voy a aprovechar que la sala está llena", dijo. Y leyó. Las palabras volaron como una patada a los dientes.

2. Hace una semana, fui con Verónica a la presentación de Dos caminos, de Paul Medrano. Llegamos una media hora antes, pues tenía motivos para sospechar que de otra forma no íbamos a entrar a tiempo. Mientras deambulaba por el stand de Colofón, me crucé con Paul. Me preguntó donde podía encontrar Señales que precederán al fin del mundo y le dije que buscara en Sexto Piso, que era el distribuidor. Se veía muy nervioso. Después de charlar un rato, decidimos dejarlo caminar para ver si se le pasaban los nervios.

2a. Veinte minutos después, la madre de Paul nos confesaría que no lo había visto tan nervioso desde el día de su boda.

2b. Seis meses antes, en Acapulco, Paul me había recomendado enfáticamente que leyera a Yuri Herrera, porque era chingonsísimo y leerlo había sido una gran influencia en su propia novela.

2c. Sí, tanto Trabajos del reino como Señales... de Yuri Herrera parecen habitar en el mismo plano que Dos caminos. (Leer más)
*Reseña de René López Villamar, o sea, el de la pic

Los impostores

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Pocos oficios se han devaluado tanto como el de cantante. Por eso es que tenemos un relativo superavit de esta especie. Por fortuna, hay de cantantes a cantantes; sin embargo, para nuestra mala suerte, predominan los impostores.
Recordemos que un cantante de verdad es un artista consumado. Conocedor, no sólo de su género musical, sino de muchos más. Lector voraz e insaciable. Conversador del tema que sea y de una humildad admirable.
Si lo anterior fuera ley mundial para ser cantante, Ricky Martin se habría dedicado al corte de pelo. Rihanna modelaría maquillaje. Britney anunciaría productos para adelgazar. Shakira bailaría en algún putero caro. Los reguetoneros limpiarían parabrisas en los cruceros. Ximena Sariñana escribiría guiones de telenovelas mexicanas. Paulina Rubio seguiría los pasos de su madre en el nuevo cine de ficheras, aunque no con el mismo éxito. Los de Panda trabajarían en un despacho de abogadillos tranzas y los de Zoé venderían drogas en alguna colonia fresa.
Al igual que las campañas de prevención de tal enfermedad o vicio, se nos debería alertar sobre el consumo de discos, por mencionar un ejemplo, de Enrique Iglesias o Fanny Lu.
No bromeo. (Leer más)

La presentación

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He presentado varios libros, pero nunca uno mío. No es que sea experto en presentaciones –en realidad nadie puede ser experto en nada, siempre existe el riesgo de error, como toda cosa humana–, pero algunos conocidos pensaban que ir al DF a presentar Dos caminos era pan comido.
El devorado fui yo y no precisamente aquel domingo 28 de febrero. Desde semanas antes el alumbramiento de esta novela me traía angustiado. La soñaba, lo juro. Tenía recurrentes pesadillas en las que veía el libro con páginas imcompletas, líneas borrosas o gazapos inmortales. Durante el día, tenía visiones en las que abría un mail en el que me avisaban de que se cancelaba la publicación o de que el papel se había terminado.
Nada fue así.
Carmina Estrada, mi editora, no sólo me mantuvo al tanto de un proceso totalmente nuevo, sino que hizo atinadas correcciones al texto y aguantó todos mis modificaciones, siempre de última hora y uno tras otro.
Así llegamos al mero día.
Arribé con Viridiana al DF como a eso de las 12 del día. Durante el trayecto las manos no dejaron de sudarme. Nos instalamos en el hotel Gillow y salimos a caminar un rato. El pretexto era buscar la cantina La Ópera, donde pretendía bajarme los nervios. Nunca la encontré. Y para colmo, dimos con una cola inmensa, como las que por acá vemos en las tortillerías o en los bancos en quincena. No eran tal. Se trataban, nada más y nada menos que la fila para entrar al la feria del Palacio de Minería. Vaya cosa, me dijo Vi: “en Guerrero no veríamos esta fila ni aunque nos pagaran por entrar”. Muy cierto. Nos fuimos de esa zona y regresamos al hotel. Tenía una comida con don Jorge Anaya, masters de masters en cuestiones de edición, cultura general y sarcasmo. Llegamos puntuales, a las 3 y al poco rato llegó don Jorge con quien pasamos una gran tarde. Incluso, por momentos y gracias a unas Victorias, hasta se me olvidó que unos instantes después estaría en la feria. Fue don Jorge quien me informó de la muerte de Carlos Montemayor.
En el camino nos topamos a Ye (prima de Vi) y a E, su novio. Juntos, los cuatro, preguntando aquí y allá llegamos a la feria y nos fuimos directo a la Galería de rectores. Para colmo noté que ya había harta gente sentada, es decir, que el acto ya había comenzado. Pero no. Apenas eran 6 y media. Vi me propuso que deambulara por ahí, Quizá se dio cuenta que en mi semblante sólo se veían nervios. Le hice caso. Me fui solo a ver los estands. Libros y más libros. De no haber presentado Dos caminos, seguro me habría emocionado y gastado hasta los pasajes. Pero no tenía ánimos de comprar. Miraba sin mirar, pendejeando, pues. Ahí me topé con René López Villamar, en compañía de Verónica, su novia. Creo que también notaron mi cara de preocupación. Le pregunté a René si sabía dónde encontrar la nueva novela de Yuri Herrera y me propuso que indagara en los módulos de información. Ya a la distancia es obvio que la pregunta estaba totalmente fuera de lugar. Con René debí haber platicado sobre un volumen de cuentos para niños que estamos preparando, pero no, mi mente estaba demasiado acongojada.
No nos despedimos pues ambos irían a la presentación. Yo me fui a buscar un módulo de información. Cuando llegué, ninguna de las dos chicas me supo dar razón por la editorial Sexto Piso, que al parecer es la distribuidora en México. De modo que seguí deambulando. Así estuve un rato, hasta que me topé con una colección de libritos color mostaza. Algo dentro de mí me dijo que podría tratarse de la editorial Periférica (sello que editó a Yuri en España). Como el libro sólo conocía por Internet, no tenía idea de su color y textura. De modo que tomé uno de esos libros y confirmé: era Periférica. De inmediato ubiqué Señales que precederán el fin del mundo y la compré. De ahí me fui a la presentación.
Al llegar ahí encontré a mi madre y a Sa, mi prima. Mis nervios aumentaron al ver ahí a la hacedora de mis días. Ella sabía que iría al DF pero yo no esperaba verla. Sa vive en el DF. Su llegada le puso más emoción al asunto, pero también me dio un poco de fuerza para seguir.
De los primeros en llegar: Luis Paniagua y su novia. Rodrigo Martínez. Enrique Montañez y Claudina Domingo. Arturo Vallejo. Luego llegó Carmina y mis presentadores: Yuri Herrera y Rodolfo JM. Casi enseguida llegó René y Verónica. Pláticas breves, saludos y de ahí a lo mero bueno. Entra más gente que no conozco.
Poco antes de la presentación, finalmente, tuve el libro en mis manos. Hace unos meses una prima me recriminó por decirle que pronto tendría una hija, en referencia a la novela. Creo que dije las palabras correctas. Abrir la breve novela, palpar sus hojas, sentir sus pastas, me hizo sentir lo que debe sentir un padre al abrazar a su hijo, tras el parto. Hubo unas ganas de gritas, mezcladas con amenaza de llanto que, finalmente, impidieron ambas cosas.
Ya en la presentación, primero se hizo lo propio con Datsun, el poemario-hermano de Dos Caminos. Libros gemelos de la colección de Punto de Partida. Los comentarios corrieron a cargo del poeta Víctor Cabrera. Luego, Xitlalitl (Sisi) leyó algunos fragmentos del volumen, del cual se me grabó: “Dilers que no me maten”. Durante su lectura, noté que Sisi llevaba su libro marcado. Es decir, má o meno sabía qué leería. Yo no. Me sé de memoria la novela, pero al verla en papel, casi casi la veía incomplensible. Mis comentadores comenzaron,
Rodolfo por poco logra arrancarme las de cocodrilo. Se refirió al pueblo, a esta bitácora y a nuestra amistad cibernética. Luego Yuri compartió una lectura de la novela, de la cual yo no me había percatado: la crítica social que subyace bajo las líneas. De la emoción, ambas opiniones me dejaron la lengua convertida en trapo. Cuando Carmina me cedió el micrófono, apenas pude balbucear que dedicaba la lectura de dos capítulos a la memoria de Carlos Montemayor.
No obstante de ser breves, ambos capítulos se me hicieron eternos. Sentía la boca seca. Erré varias veces y el tono de voz flaqueó en más de una ocasión. Como sentí que no llegaría al final del segundo fragmento, terminé la lectura en el punto final más próximo y san se acabó.
Luego vino la firma de ejemplares donde tuve la fortuna de conocer y saludar a gente muy muy especial. Rogelio Garza, Juan Alberto Vázquez, Rodrigo Castillo, Susana Santoyo, Omar Delgado, Mónica Nepote, Alfonso Morcillo, Áurea Rojano, Miguel Dimayuga y Cristina Acosta (ex compañera de la secundaria).
Terminamos la noche en Salón Corona, donde al cobijo de unos tarros y unos tacos de pulpo, terminó ese ajetrado y gran gran día. Espero que la siguiente presentación sea menos angustiosa. Por lo pronto gracias a todos.

Capital del mundo y sucursal del cielo

Los que ya saltaron