
La novela del narco es una literatura de emergencia, que surge como respuesta o especulum literario de la problemática de nuestro país respecto de la producción, consumo y trasiego de droga. El género épico moderno propio de los estados fallidos, del que México es epítome, se ha consolidado entre el gusto comercial de las editoriales, pero va siendo tiempo de analizar qué tanto sigue sorprendiendo o si todavía hay lectores potenciales dispuestos a consumirlo.
Dos caminos (Ediciones de Punto de Partida-UNAM, 2010), de Paul Medrano (Ciudad Victoria, Tamaulipas, 1977), aún alcanza un resquicio de interés entre el maremágnum de las ofertas novelescas del narco por el planteamiento temático del asunto. De formación periodística en uno de los frentes más rojos de la lucha, no contra, sino de los cárteles, es decir, Guerrero, Medrano conoce de primera mano el tema del narcotráfico y lo expone con las ventajas que esto representa.
Pero lo sobresaliente radica en que Dos caminos se postula como una novela crepuscular del narco. Es una historia que se circunscribe, de alguna manera, en un periodo de desgaste o cuasi terminal del narcotráfico como actividad ilegal, en el que las organizaciones no gubernamentales dedicadas a esto y sus líderes deben mutar a otro estadio, uno de mayor poder y autonomía. De lo contrario, la extinción los alcanzará y se abrirá cauce para que los tecnócratas asuman de una vez por todas, sin doble moral y actitud política, el negocio de la droga, sin necesidad de gavillas que hagan el trabajo sucio por ellos. (
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*Reseña escrita por Enrique Montañez para
Fusión 14